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HAGASE LA LUCHA NUMERO 8 HAGASE LA LUCHA

ENTREVISTA CON TINIEBLAS

por: el poderoso

Todavía que voy de colado, cortesía de uno de mis estimados amigos de la prensa especializada, estoy llegando tarde. Me subí al metro para no atrasarme con el tráfico y resulta que al tren naranja le dieron viagra porque se iba pare y pare. Total que ya llegué a mi estación y le traté de llamar a mi amigo para avisarle que ya merito llego y … ¡cero saldo! ¡clásico! por fin, al tercer intento me logro comunicar en un teléfono público. Bueno, al menos sólo hay que caminar unas cuadritas.
Después de dar santo y seña, la misteriosa ama de llaves me conduce a través de la casa de uno de las más grandes figuras de la Lucha Libre: Tinieblas, el Gigante Sabio. En persona, en vivo y a todo color. Subo la angosta escalera hacia la planta alta ¡Vaya! Aquí es donde Lourdes Grobet le tomó una foto.
He aquí el refugio de Tinieblas. Su sala de trofeos, su oficina y su gimnasio ocupan esta parte de su hogar. El veterano enmascarado se levanta de su sillón para saludarme. “Pásale, m’hijo… bienvenido”. Señor, es un honor le respondo mientras le entrego mi tarjeta “Hágase la Lucha… interesante” comenta Tinieblas. En verdad es alto ¡y qué manotas tiene! “Yo las tengo un poquito más grandes que Blue Demon”, dice modestamente. Tinieblas viste un traje sport en color beige y una máscara de licra de última generación con algunas aplicaciones extra, la careta negra no permite ver ni uno solo de sus rasgos. Habla con voz pausada y ademanes suaves, pero firmes. El ejercicio diario lo mantiene vigoroso.

“quería ser actor, pero…”
Este año 2007, Tinieblas dice adiós a la Lucha Libre, luego de 36 años. Con orgullo nos muestra el cartel que anunciaba su primera lucha estelar en la Arena Coliseo, en 1971. “Yo quería ser actor, pero acabé luchando” cuenta Tinieblas “empecé como stuntman, yo fui el doble de Tarzán (en la serie de TV estelarizada por Ron Ely)”. Participó además en cintas de luchadores y fue ahí donde cambió su destino, pues conoció a Valente Pérez, editor de la revista Lucha Libre y creador de la imagen de popularísimos luchadores como Psicodélico, Mano Negra y el mismísimo Mil Máscaras. “Valente inventó la historia de un ciego que se convertía en Luchador y tenía poderes sobrenaturales” relata el Gigante Sabio “ a mí hasta me inventaron que casi quedé ciego en un accidente… no es cierto, pero como nunca fui ciego, a Valente se le ocurrió lo de la máscara con la cara negra… si ojos, ni nariz, ni boca”. De ahí el nombre de Tinieblas, la oscuridad en que viven los ciegos. “Se suponía que yo iba a subir al ring haciendo creer a todos que era ciego… pero ese cuento nadie se lo iba a creer”
Lo más curioso es que el nuevo personaje tardaría aún dos años en subir al ring, pues la Lucha Libre no era ni la aspiración de Tinieblas, quien seguía con la firme idea de deicarse a la actuación, ni la intención inmediata de Valente Pérez, quien lo presentó como un misterioso personaje en una sección de su semanario, titulada “Usted pregunta y Tinieblas contesta” en donde el personaje respondía –literalmente- a cualquier pregunta que se le formulara, desde cuestiones científicas hasta líos amorosos. “de ahí salió lo del Gigante Sabio” explica Tinieblas . “pero yo de sabio no tenía nada. Había un equipo de gente. Llegaban miles de cartas cada semana”.

“no veía claro”
En su preparación física como actor y doble para escenas peligrosas, Tinieblas seguía practicando Lucha Libre hasta que, con mucha publicidad de por medio, Pérez lo convenció de subir al ring y debutó haciendo tercia nada menos que con Black Shadow y Dorrell Dixon contra El Solitario, Dr. Wagner y Renato Torres. desde entonces, Tinieblas ya no dejó la parte más alta del cartel. Esto le llevó a la difícil decisión de rechazar un papel estelar en cine.
Tinieblas es discípulo de Dick Medrano, quien lo instruyó como shooter, es decir un luchador capaz de liquidar a su rival con un solo golpe, técnica que el famoso gladiador confiesa haber utilizado solo una vez en toda su carrera “se querían pasar de listos conmigo” dice con una amplia sonrisa que se distingue bajo su máscara.
Sin embargo, el Gigante Sabio pasó por los avatares de toda estrella del pancracio “me la pasaba luchando y viajando toda la semana, bajé 20 kilos” y luego vendría lo más decepcionante “recibía mi paga… y no veía claro” (¿Ya ven cómo no era tan falso eso de que Tinieblas casi se queda ciego?) la desilusión de no obtener buena retribución pese a ser el luchador del momento, llevó a Tinieblas a convertirse en independiente y realizar una extensa gira por Japón, donde tuvo mucho éxito, tanto en lo deportivo como en lo económico. “Un día me hablaron de México” recuerda Tinieblas “y me dicen: Oye, tienes que venir. Mañana empieza la temporada en la Arena México. Y pues yo todavía le digo Sí, mano. nada más veo si alcanzo camión y mañana estoy allá… ¡¿Qué no ves que estoy en Japón?! y pues ya no me volvieron a molestar”.
A su regreso del lejano oriente, Tinieblas esperaba un mejor trato por parte de la empresa de Salvador Lutteroth, cosa que no sucedió y por tanto decidió hacer lo mismo que El Santo, ofrecer una cantidad limitada de fechas, pero bien pagadas.

¿De dónde salió Alushe?
El gusanito de la actuación seguía inquietando al Gigante Sabio, quien tuvo así tiempo para dedicarse a la Televisión en sus conocidos programas infantiles, terreno en el que ya antes había incursionado con su entrañable amigo Gaspar Henaine Capulina. Ahora el programa de TV era para él sólo pero le hacía falta un acompañante. En una visita al “sureste” mexicano (¿sabían que Cancún está tan al “sur” como… Aguascalientes? neta, vean un mapa) Tinieblas quedó muy interesado en la mitología de la región y –al estilo de Valente Pérez- ideó el personaje de Alushe un duendecillo travieso ¿pero quién lo iba a encarnar? “Un domingo andaba en Tepito, con mi familia. Yo queía ver una película en el Cine Florida, que ya ni existe. Mis hijos no querían entrar porque decían que se iban a empulgar y que cómo que en ese cine tan corriente… ¿Qué no pueden darme ese gusto? les dije, Yo quiero ver esa película. Y total que entramos. Ví entrar a un enanito y se sentó atrás de mí. Desde ese momento me quedé pensando ¡Ese es!” Días después regresó Tinieblas al Barrio Bravo a buscar al “Centavito” como era conocido ahí. Habló con él, lo convenció y el mismo Tinieblas fue a comprar el peluche para confeccionar el traje de su inseparable amigo.

(CONTINUARA EN NUESTRO PROXIMO NUMERO)