num 3 mayo 30 2007 El Poderoso HLL
rudos cuanta violencia
perros contra mistico

ilustración y texto: el poderoso
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Aunque no totalmente recuperado, Místico regresó a los encordados el pasado viernes 25 durante la función estelar de la Arena México. Tras una lesión en el hombro izquierdo que lo mantuvo tres semanas fuera de acción, fue recibido con una fuerte ovación del público y correspondiendo a ella, el Nuevo Apóstol de la Lucha Libre hizo su mejor esfuerzo sobre el ring, casi arrancando el brazo de Mr. Aguila con sus asombrosas llaves. Lástima de final en ese combate, el cual había resultado todo un banquete hasta la segunda caída. Entonces sucedió lo que ya se sospechaba desde hace meses: Lizmark Jr se convierte en Perro del Mal y castiga a Místico mientras El Terrible -dedicado en cuerpo y alma a su chamba- y los corifeos del Hijo del Perro Aguayo, un Mr. Aguila desconcertantemente lento y un cómodamente oportunista Héctor Garza, terminaban de liquidar al Príncipe de Plata y Oro y a un Dr. Wagner nada tacaño a comparación de las pasadas dos semanas. Las máscaras de ambos técnicos fueron hechas trizas. Místico fue además severamente golpeado por las muletas del mismo Perro Aguayo Jr, quien hizo su aparición en el ring luego de la cirugía que le practicara el Dr. García Orozco hace apenas una semana. Es ya una constante de los Perros del Mal el despedazar máscaras impunemente, lo cual –aún siendo rudos- resulta un acto despreciable y una falta de respeto al público.

Los Perros del Mal son rudos comprometidos con la excelencia, pero está visto que también hay veces en que los rudos no saben ganar si no es en montón. Cantidad de pancraciastas menores o mediocres se han unido a las filas del lado oscuro de la Lucha por no tener la capacidad de sobresalir con su propio talento.
Mientras que por un lado tenemos a un Atlantis quien, pese a cambiar de bando, él y sus asociados como Ultimo Guerrero, Olímpico y Tarzan Boy, han demostrado ser la parte más técnica de los rudos evitando ataques alevosos y triquiñuelas antideportivas, hemos visto también a aquellos “malosos” que recurren a trucos más allá de lo que puede causar gracia o pudiera parecer justo, como cuando Universo 2000 venció a Corleone con ayuda de Cien Caras y Máscara Año 2000, quienes atacaron por la espalda al Gigante Rubio. Posteriormente, en su lucha por cabelleras, quedaron al descubierto las carencias físicas y técnicas de Andrés Reyes ante un Marco Corleone que lo derrotó fácilmente ya sin la intervención del resto de los muy respetados Señores Dinamita.

Algunos de quienes apoyan a los rudos jamás reparan en lo sucio de la manera en que se conducen sus ídolos dentro del ring, lo único que les interesa es verlos despedazar a sus rivales a como dé lugar. Esto, lejos de pragmatismo deportivo a lo Vince Lombardi, demuestra no solamente ignorancia acerca de la Lucha como Deporte, sino también ese clásico gusto por lo morboso que caracteriza a quien solo va a las arenas para ver sangre igual que quienes van a los Toros y gritan oles y oles sin saber porqué, pero esperando siempre alguna fuerte cornada para sentir que su boleto valió lo pagado. Eso no es afición y eso tampoco es la Lucha Libre.

Hay “expertos” que justifican las actitudes alevosas y antideportivas de los rudos como algo que ya forma parte del pancracio y sin lo cual perdería sabor y afición pues sostienen que debe siempre existir el alto contraste entre el bien y el mal en toda disciplina deportiva para que esta despierte interés en el público por medio de la polémica. Permítanme dudarlo, la Lucha Libre no es una revistita de chismes ni una riña callejera. Por ejemplo Atlantis, como el brazo pacífico de la violencia que es ahora, sigue siendo capaz de llenar la Coliseo y hasta la México por sí solo, sigue siendo aclamado por el público y sigue siendo ídolo sin golpearle los testículos a nadie, sin atacar en montón ni por la espalda, sin alardes verbales o histriónicos y sin despedazar máscaras. No es lo mismo ser un rudo del montón que ser un Señor LUCHADOR rudo. La rudeza no está peleada con el espíritu deportivo y esa es la principal diferencia entre los Guerreros de la Atlántida y el resto de las huestes rudas. El encono a ultranza no es sinónimo de rivalidad deportiva pero sí parece ser una constante de la sociedad mexicana, como la de quien solo ve telenovelas de San Angel y odia las del Ajusco o de quien le va a las Chivas y odia a las Aguilas.

En otro renglón, la actitud del Hijo de Lizmark no parece tan criticable pese a su traición al Príncipe de Plata y Oro, dado que su conversión al bando rudo no fue un acto sorpresivo, pues hace varias semanas que el pelilargo luchador hacía notar sus intenciones y más que nada porque quizá sea lo más conveniente para la carrera del joven duendecillo azul quien, a pesar de contar con carisma, imponente físico y un notable dominio de las artes marciales, no había logrado encontrar el camino para acometer la cima del estrellato. Esperamos, desde luego, que no se convierta en una comparsa de Los Perros del Mal. Auguramos gran éxito a Lizmark jr en su nueva faceta. Ya esperamos verlo luciendo cinturones de campeonato y ganando luchas de apuesta en plan grande.