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ilustración: el poderoso. texto: el sr. hernandez.
Final de La Leyenda de Plata.
Dentro del mecanizado accionar de Mr. Aguila había una sola instrucción: Castigar hombro, castigar hombro, castigar hombro y después, castigar hombro. Místico subió al ring luciendo un parche bastante más aparatoso que el de la semana pasada, aunque parecía no afectarle demasiado. De inmediato Mr. Aguila se puso en piloto automático y golpeó y castigó a Místico en el hombro lastimado una y otra vez hasta que logró dominarlo en una caída bastante corta. Muchos nos temíamos un dudoso desenlace como el de la semana pasada entre Aguila y El Sagrado, del que nadie nos convence que fue cirscunstancial.
Para la segunda caída, el Perro del Mal repitió la dósis pero el Príncipe se liberó de cada castigo, ya sea rodando, ya sea tocando la cuerda. Mr. Aguila cayó presa de la desesperación al no poder liquidar a Místico y fue cuando este lo encerró en su trampa, uno de esos cangrejos invertidos en que después se arrastra con las nachas para castigar aún más a su rival. En la última caída, de nuevo el autómata en que se convirtió Mr. Aguila, nos dio una muestra más de su escaso repertorio y su falta de forma. De nuevo se impacientó al no ser capaz de rendir a un aguerrido Místico a pesar de sus incesantes castigos al brazo y al hombro. Entonces el Príncipe de Plata y Oro se salió con la suya y, aplicándole la reglamentaria mística, lo acabó para llevarse el combate y el prestigiado Trofeo por segundo año consecutivo.
Nuevamente, una dividida afición se repartía entre vítores y abucheos para el flamante bicampeón, quien disfrutaba de las mieles del triunfo, ajeno a sus detractores.
Mr. Aguila se retiraba hacia los vestidores con cara de vas a ver, te voy a acusar con mi hermano y , efectivamente, apareció el hermano Perro Aguayo Jr. Ya sin férula pero con muletas. El Perro Jr. Dirigió un corto mensaje de rencor y venganza hacia Místico, quien se divertía pidiendo al público abucheos para el Perro, el cual dejó atónitos a los asistentes al poner a un lado sus muletas y caminar por la pasarela ante la mirada de estupefacción del Dr. Mario García Orozco, desconcertado por la imprudente audacia del Perro Jr, quien aun no estaba en condiciones de hacer semejante cosa
¿Será que el Joven Aguayo no entendió la moraleja de esta Lucha? La impaciencia no rinde buenos frutos ¿verdad, Mr. Aguila?
Al final, ganó la lógica, ganó el más paciente, el más colmilludo y el más talentoso
ganó el mejor, cosa que no sucedió la semana pasada. No hubo lacrimógeno final de película de Rocky. Simplemente, el gallo grande le charrasqueó el cogote al gallo chico, eso es todo.
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