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Texto e ilustración: el poderoso
Greñudísimo, no muy alto ni muy fortachón ni muy joven, pero resulta que la noche del 11 de mayo se llevó a casa un valiosísimo trofeo del tamaño de un pastel de quinceañera.
Ni la talla ni el físico ni la edad lo son todo en el mundo de la Lucha Libre. Ultimo Guerrero, por segunda vez consecutiva nos deja asombrados con su talento al volver a ganar el torneo Grand Prix en la México. Tumbado boca arriba en la lona, el norteņo era víctima de la rotunda plancha de Marco Corleone en uno de los famosos vuelos del gigante rubio desde todo lo largo de la pasarela. Cuando ya nos disponíamos a ir a su velorio, Ultimo Guerrero aguantó los 120 kilos del neoyorquino y, aprovechando el rebote en la lona, literalmente invirtió los papeles, rodando por encima de Marco e inmovilizándolo con la espalda plana para dejarlo fuera ante la sorpresa del público y la incredulidad del mismo Corleone, quien no se explicaba lo sucedido.
Al final, Ultimo Guerrero quedó solo en el ring ante el talentoso japonés Lyger, cuyo vestuario me recuerda a esos monstruos contra los que pelean los héroes en las series japonesas. La hicieron cansada con todo un repertorio de planchas y candados hasta que, haciendo gala de frialdad y paciencia, el luchador mexicano acabó al nipón con una fulminante desnucadora.
Un aplauso a Ultimo Guerrero ¡Qué talento! ¡Qué temple! ¡Qué condición física! ¡Qué Luchador!
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