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por: el poderoso
Teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro, fue tu mejor actuación
cantaba sentidamente La Lupe, pero
¿será cierto? ¿de verdad solamente le hacen al ensarapado los luchadores? ¿Todo está planeado y fríamente calculado? ¿Se ponen de acuerdo a ver quién va a ganar? ¿qué llave van a aplicar? ¿qué payasadas van a hacer? ¿Quién se va a reponer mágicamente de una golpiza y va a terminar haciendo polvo al rival? ¿usan sangre artificial? ¿simulan golpes?
Veamos
hay cosas que sí pasan, por ejemplo: En la México, los réferis traen chícharo. A distancia se les dan indicaciones sobre qué tan rápido hacer la cuenta de tres, qué tanto estirar una caída, cuándo hacerse como el Tío Lolo para no darse cuenta cuando se comete faul, etc. A veces es muy notorio cómo está decidido que la primera caída la ganan los rudos y la segunda los técnicos. También algunas ocasiones podemos notar cómo entre técnicos y rudos se hablan para ponerse de acuerdo o advertirse qué tipo de llaves o maromas van a ejecutar. Hemos visto cómo en la segunda caída, el favorito del público está siendo hecho trizas por el odiado rival, toda esperanza parece perdida y de pronto
¡taraaán! recuperación milagrosa y los papeles se invierten.
Sí, todo eso pasa: ademanes y reacciones exagerados, golpes fingidos, coreografías ensayadas, luchadores que pasivamente esperan a que los planchen con un lance desde la tercera cuerda, etc. Vaya, el que los luchadores actúen no significa que sean buenos actores.
Pero, momento, que no hemos hablado de la tercera caída. En la última es cuando la lucha se decide. Los réferis y los apuntadores siguen haciendo de las suyas y aunque hemos visto pésimos finales de pantomima, generalmente les en a tercera caída cuando los luchadores se dan en serio y sin ningún acuerdo previo. Esto es más usual en los duelos de apuesta, las finales de torneo, los campeonatos y los mano a mano. En este tipo de combates generalmente vemos que las dos primeras caídas duran un suspiro, mientras que la tercera se puede llegar a prolongar 15, 20 minutos. Llave tras llave, lance tras lance, cuentas lentas por parte del réferi. Los rivales ya estan agotadísimos y finalmente llega el momento de dar fin a la lucha, así que eso de sin límite de tiempo no es mas que un decir. Hay muchos aficionados y gente de la empresa que deben regresar a casa en metro y micro y que tiene un largo camino por recorrer y el CMLL toma en cuenta esa preocupación. Al fin, Ultimo Guerrero le hace tremenda desnucadora a Jushin Lyger, el réferi recibe la orden de concluir el combate, la cuenta de tres no es tan prolongada esta vez y así concluye el Torneo Grand Prix Internacional. Así son todos los combates en los que algo está en juego, desde el orgullo hasta la máscara.
No se sientan desilusionados por cuanto les relato aquí, recuerden que la Lucha Libre es un deporte pero la Función de Lucha Libre es un espectáculo en el que se paga boleto para entrar. ¿Qué chiste tendría que Marco Corleone ganara todas sus luchas en una caída? Sabemos que el joven maestro neoyorquino es perfectamente capaz de hacerlo, ¿pero quién tendría ganas de gastar su dinero para ver una triste caída? La empresa quiere hacer valer el precio que paga el aficionado para que este vuelva la siguiente semana y todas las que siguen.
La Lucha Libre, como ya lo dijimos en nuestro No. 4 es una especie de telenovela deportiva: Se rie, se sufre, se siente impaciencia, coraje e impotencia, a veces es tremendamente predecible, como episodio de Chespirito y otras nos deja boquiabiertos como final de temporada de serie gringa. Nos llega a desesperar hasta la rabia, pero no podemos dejar de mirar el siguiente episodio. La función de Lucha debe contener todas las emociones, imágenes y sensaciones necesarias para atrapar al espectador: Humor, ira, euforia, llanto, felicidad, color, luz, sonido, sangre, sudor, músculos, curvas, energía, sabores, aromas, porras, mentadas
todo.
Muchos viejos trucos como la sangre artificial y los golpes falsos han sido erradicados del ring. Algunos castigos y llaves se aplican de manera light en las primeras caídas, pero más adelante todo es real, nada es fingido, se dan hasta con la cubeta. La prueba de esto es el creciente número de pacientes en los consultorios y quirófanos del Hospital Obregón. Nadie me lo ha contado. Yo mismo lo he visto. Las patadas, las llaves y los lances son aplicados al 100%. Puede que el rudo le advierta discretamente al técnico buzo, carnal... ai te va un tope volador ya el contrincante sabrá cómo recibir el castigo. Una mala voltereta, un resbalón o un golpe con las cuerdas pueden ser la diferencia entre salir a pie o en camilla. La frente de acordeón que lucen Villano III, Damián 666 y L.A.Par-K, entre otros no son de a gratis. La silla con la que Ultimo Guerrero y Atlantis destrozaron la rodilla de Villano IV no era de hule, la descalabrada que Wagner Jr le hizo a Místico no fue de catsup
neta, sí se dan de a de veras. No siempre, porque entonces no habría luchadores en el ring sino en terapia intensiva
Sí, los luchadores pasan largas horas entrenando y practicando lucha aérea, saltos mortales y tumbling para realizar esas perfeccionadas coreografías de juego de cuerdas que a veces nos presentan en el cuadrilátero. Eso no significa que sea su único propósito, sino como ya dijimos, es parte del show y no puede negarse que todo ello requiere de un esmerado entrenamiento y una excelente condición física. Pongamos, por ejemplo, a Villano III. Don Arturo Díaz tiene 55 años, no es ningún dechado de figura atlética pero yo reto a un cincuentón es más- a un treintón con buena condición y musculatura a que le aguante no tres, ni dos, sino una caída a Villano III. Podrá ser lento y gordo, pero aún así se la parte a un ciudadano promedio de mucha menos edad y mejor físico. Ahora que si hablamos de auténticas máquinas de combate como Ultimo Guerrero, Euforia, Averno, Lizmark Jr y Marco Corleone o de increíbles acróbatas como Místico, Volador Jr, Sombra, Máscara Púrpura y Stuka Jr. entenderemos que la Lucha Libre es una actividad muy desgastante y exigente, peor que un jefe gruñón o una novia mimada.
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