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Uno es poeta, otro es muy gordo, otro más se siente galán de la pantalla. Uno de ellos luce una manga decorada con franjas atigradas. Alguno viste de negro y lleva un paliacate en la cabeza
Rodolfo Ruiz, Bestia Negra, Terror Chino, Pompín, Rafael El Maya, Babe Richard, Tigre Hispano. Cada función se dejan escuchar estos nombres de boca de los anunciadores, quienes los presentan pomposamente unas veces y otras simplemente los mencionan por no dejar. En general, el público ni caso les hace. La verdad, yo difícilmente recuerdo qué referis participaron en la función del pasado domingo, excepto por el Tigre Hispano (quien fue noqueado accidentalmente por Dark Angel) y El Maya, que se encargó del duelo Máscara Púrpura vs Emilio Charles Jr y recibió toda clase de mentadas por intervenir en el combate, jalando el brazo del enmascarado rojo para evitar que golpeara al veterano cavernícola del ring.
La gente en la arena solo se acuerda de ellos cuando es notorio que estan ayudando a tal o cuál luchador, cuando hacen una cuenta amañada, cuando casulamente se distraen y no ven el faul o la trampa cometida por alguno de los pancraciastas y cuando permiten a los rudos hacer de las suyas rompiendo máscaras, atacando en montón y cometiendo todo tipo de tropelías. Entonces sí, la chusma enardecida les lanza proyectiles, los insulta hasta sus antepasados más remotos y los tacha de ciegos, vendidos y retrasados mentales.
Y a todo esto ¿Los réferis están vendidos? Pues yo lo único que sé es que no trabajan para la Comisión de Lucha Libre Profesional del D.F. sino que son parte de la nómina del CMLL, lo mismo pasa en la AAA, la IWRG, la WWE y la Liga de Lucha Libre que se les ocurra en cualquier parte del mundo. Entonces no es de extrañarse que estos señores tengan que prestarse a toda clase de chanchullos, circos y humillaciones. Los réferis son juez y parte, son caballeros y villanos, son Salomón y son Calígula, son de palo y son de hule, son rey y bufón, son policía y también ladrón
son, en fin, parte del show en la función de Lucha Libre. Pero como árbitros, en ellos recae la culpa y la ira.
Ya en la pasada escueLUCHA les conté que los señores réferis llevan chícharo al oído, o sea que desde una cabina se les dan indicaciones respecto a cómo actuar sobre el ring. Desde luego, como ya también lo dijimos, se dan toda clase de acuerdos previos a cada combate sobre quién ganará la primera caída, cuándo debe fingir distracción, cuando debe meter mano negra a favor de este o de aquel y en qué momento contar palmadas con mayor o menor rapidez para estirar o dar por concluido el combate.
Muchos de estos réferis han sido también luchadores, como el Tigre Hispano, Babe Richard, el Diablo Velasco y el desaparecido Karloff Lagarde. Algunos, como el famoso Tirantes de la AAA, se ganaron el odio del público.
Cada réferi tiene su propio estilo y una personalidad muy definida a través de su vestuario y lenguaje corporal. La solemnidad de Pompín y El Maya se quiebra completamente contra la manga rayada del Tigre Hispano y el paliacate de Baby Richard o ante una figura tan estrafalaria como la del mencionado Tirantes.
Pero cuando la cosa es seria, también los réferis son los primeros en tomarlo en serio: las luchas de apuestas y las lesiones graves no son ocasión para las payasadas
No hablo por hablar, mis queridos aficionados, pues recientemente y gracias a la amable invitación de la UXW- tuve la oportunidad de participar como réferi en una función de Luchas extremas. Claro que mi experiencia como réferi se dió dentro de una diezmillonésima parte de lo que representa una función de Lucha en la Arena México, pero aún así pude experimentar en corto lo que se siente tener la responsabilidad de cargar con todas las culpas y reclamos. Me arrojaron objetos, me gritaron de todo, a punto estuve de que me estrellaran una lámpara fluorescente en la cabeza y de que me tocaran varios golpes y patadas. Suerte que me prestaron un buen par de guantes para no enterrame en las manos todos los vidrios que había tirados en la improvisada lona. Incluso uno de los luchadores se me puso machín y me dio un empujón, el cual le respondí con un empujón aún más duro
y ahí quedó la cosa. Al final, como en todas las arenas, réferis y luchadores conviven en el mismo vestidor, se hacen bromas y son tan cuates como siempre.
Arbitreé algo así como seis combates a una caída. En varios me reclamaron por no haber un marcado faul clarísimo o por contar las palmadas con lentitud. Solo en uno hubo acuerdo previo entre empresario, luchadores y réferi para decidir al ganador por adelantado. Claro, esto es un juego, se trata de entretener a un público y darle de qué hablar.
Como sea. el réferi siempre será el chivo expiatorio por default, deberá dar la cara al público y cargar con la responsabilidad de sus decisiones
aunque la mayoría de las veces no sean suyas, precisamente. Yo lo sé.
Definitivamente no se le puede pedir imparcialidad a un réferi de Lucha Libre cuando quien le firma sus cheques y el dueño de la Arena son la misma persona.
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