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HAGASE LA LUCHA NUMERO 9

ilustración y texto: el poderoso

¡EN PRIMERA FILA!

¡No es lo mismo fila 11 que 10 metros más adelante! En vez de nuestros acostumbrados asientos en el corazón de la sección naranja, esta vez tengo ¡dos boletos de primera fila! Fue toda una bronca para decidir quién me acompañaría en esa privilegiada posición. Después de unas disputadísimas eliminatorias vía chin-chan-pú, Lalucha y Hernández llegaron a la gran final a 3 de 5. Empatados a dos, la tensión aumenta al máximo. Hernández ya se aflojó la corbata y hasta se despeinó pese a que diario se hecha un tarro de gel y le queda el pelo como de madera. A Lalucha ya se le corrió el rímel. El ambiente se pone cada vez más ríspido: papel-papel, piedra-piedra… Lulucha está que se desbarata de los nervios por su amiguis, Don Pancracio ya no quiere ni ver, Andrea se tapa los oídos, a Hernández se le empañan los lentes y… ¡¡Piedra-Tijeras!! ¡¡es Piedra-Tijeras!! ¡Tenemos ganadora! ¡Lalucha es la triunfadora! Brinca y brinca como loca mientras Hernández acepta humildemente su derrota no sin antes retarla a un mano a mano el próximo viernes.

Total, luciendo sus jeans más entalladitos y una camiseta de tirantitos que la hacía ver bastante bien (milagro! primera vez en la vida que no la veo fodonga), llegó Lalucha a la Arena México a darme el encuentro en el lobby. Suda frío y hasta le tiemblan las manos cuando le doy su boleto. Casi se desmaya de la emoción cuando nos sentamos en nuestras acolchaditas butacas de la primera fila, sección naranja… ja, ja, ja. Lo que se dice “mero enfrentito del ring”. Lalucha no es muy alta pero alcanza a ver todo el escenario. Nos han contado sin fin de historias y hemos visto pasar cantidad de cosas en el ring side desde hace mucho tiempo. Que si te aplastan los luchadores cuando se lanzan fuera del ring, que si te salpican de sudor y sangre, que si te avientan cerveza y “otros líquidos” desde la zona de gradas, etc. Nosotros venimos con ánimo de experimentar… de eso se trata.

En verdad todo es diferente desde aquí. La perspectiva con la que se ve el ring es única, ese ángulo a ojo de hormiga hace que el espectador se sienta más pequeño aún, uno se compenetra en la acción. Perfectamente se escucha todo lo que dicen réferis y luchadores, se puede advertir cuando se ponen de acuerdo para hacer su juego de cuerdas y sus piruetas. Los azotones en la lona también se oyen diferente, sin eco. Suenan durísimo, como auténticos costalazos. Eso sí, a pesar de estar tan pegado al suelo, me sentí muy cerca del cielo durante la segunda lucha. Imagínense: Dark Angel, Lady Apache, Sahori y la Princesita Sugey ¡a tan solo unos metritos de mí ! a mí se me caía la baba pero desde luego que Laluchis se la pasó criticándoles hasta las anginas: “Tiene celulitis”, “seguro está operada”, “está muy bustona” , “está lonjuda”, “esa es nadadora de pecho”. Solo sé que yo tenía el mejor ángulo para ver el lunarcito de Sahori, los tatuajes de Lady Apache, toda Dark Angel y… Sugey… wow, me dejó sin aliento cuando pasó caminando frente a mí. Luchó horrible, pero aún así la asciendo de princesa a reina y hasta le pongo casa. Yo esperaba que alguna de ellas me cayera encima después de un lance pero… nada. Ni siquiera la horrorosa de Amapola, que ya me convencí que ni de cerca se le ve el lado amable… ni cómo ayudarla. Hiroka hasta eso mostró su lado sexy porque tiene bonitas piernas… pero eso no le quita lo feita, además es muy gracioso ver a ese arrocito saltarín. Eso sí, el otro día me llevé una desilusión horrible con ella y Mima Shimoda. Salió una foto de ellas en conocido semanario de Lucha Libre y ambas se veían DEL NABO.

En la semi final, Lalucha casi sufre un ataque cardíaco al tener tan cerca a Marco Corleone, casi se lanzaba del asiento para ir a tocarlo… nunca la había oído gritar así. Como Koslov le cae gordo “por nalgón”, ni lo peló cuando lanzaba besos. En esa lucha fue algo realmente impresionante ver la triple “casita” que Heavy Metal, Alex Koslov y la Máscara le aplicaron simultáneamente a Virus, Misterioso y Texano Jr. (los dos últimos rivalizan con el ruso en aquello de la masa glútea… par de nalgones). Koslov me aburre por que siempre hace lo mismo, lo mismo, lo mismo.

En lo que sí coincidimos mi fresa colaboradora y yo fue en mirar a Héctor Garza con cara de “yo no levanto basura” cuando nos arrojó a los pies su camiseta y nos miró con cara de “¿y? a qué hora piensan abalanzarse sobre este souvenir fetichista?”, bueno, en realidad dudo que palabras como esas hayan pasado por el pequeño y primitivo cerebro de Garza, pero la cosa es que no la levantamos. Un chamaco de la segunda fila se aventó por el trapo rojo ese y como el Perro regiomontano se ofendió, mandó a un chavo de seguridad a recuperarla. “¡Ash! ¡Qué naco!” dijo atinadamente Lalucha. El asiento a mi izquierda lo ocupa una distinguida dama que apoya a los ténicos. A la derecha de Lalucha, tenemos a los dos caballeros octagenarios que no han faltado a las Luchas desde hace 20 años.
Mi acompañante se dejó contagiar del ambiente de la Arena durante el combate estelar. Vitoreó a Lizmark a más no poder y se la mentó al Perro Aguayo hasta quedarse sin voz (eso se arregló con una orden del secreto mejor guardado de Lalucha: tacos de tripa… ¡le gustan los tacos de tripa! ¡guácala!)

En una de esas, Villano V cayó fuera del ring y se paró medio aturdido, apoyándose en mis brazos y en los de mi amiguis. Eso fue lo más cerca que estuvimos de que nos cayera encima un luchador.

Los únicos “peros” de sentarse aquí son el intenso ruido que no permite escuchar a los anunciadores (aunque a veces ya se sepa uno de memoria sus presentaciones) y las pantallas gigantes no pueden verse con claridad. Aún así, el ruido que se oye en la primera fila es mucho menos fastidioso que la terrible cantidad de decibeles que produce la porra de Tepito, 16 filas más atrás.
Aunque las edecanes tampoco se ven mucho más cerca, tuve la suerte de que bajaran del ring en dos ocasiones y una de ellas, la más popular (sí, la que agita las pompis de lo lindo), estuvo muy cerca de nuestros asientos. Ya empezaba mi querida chica del lavadero a criticar a la edecán cuando le dije: “Mira, mami: si logras verte así –aunque sea con operaciones- me llamas”.

Lo que no se puede negar es que disfrutamos mucho la experiencia de probar el sabor de la lucha libre directo de la olla y recién salidita de la lumbre. Hemos visto -tan cerca como se puede- las entrañas de la Lucha Libre. Algo así como mi experiencia en la Arena Coliseo (ver HLL no.8) pero con todos los condimentos que hacen únicas a las funciones de la Arena México: Luces, sonido, música, edecanes, porras escandalosas, miles de aficionados, banderillas y palomitas, etc. Todo aquello que la convierte en un espectáculo.

Los boletos de primera fila –teóricamente- cuestan doscientos pesos en taquilla. Claro que es toda una hazaña conseguirlos directamente en la Arena o en ticketmaster. Estos boletos que conseguimos en HLL fueron cortesía de un buen amigo a quien agradecemos mucho su regalo. En reventa se cotizan hasta en setecientos morlacos, cada uno.
Si tienes chance y no te duele el codo, te aconsejamos que un día te des el lujo de ocupar un asiento de primera fila, es algo que nunca olvidarás.

Lalucha no es muy dada a demostraciones de afecto ni a revelar sus emociones. Es más bien fría, como beso de suegra. Pero esta vez hasta me dijo que toda la función se la pasó sintiendo “tirilulis en el chingüindín” (lo que sea que eso signifique, espero que no se lo hayan agravado sus tacos de tripa).