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ilustraciones: el poderoso.


Don Pancracio. Tipos de aficionados (1ª Parte).
Mucho gusto de verles por aquí de nuevo. Durante mis años como aficionado a las Luchas he tenido oportunidad de ver a todo tipo de gente desde ring-side hasta las gradas más altas: Los pelangoches de las Porras, los niños fresa que vienen hoy en día, los aficionados que vienen sin parar desde hace décadas, como yo. También los visitantes de tierras del lejano oriente, los niños llenos de entusiasmo, los farolones de traje y máscara, los verdaderos rudos y los rudos de closet entre otros y me gustaría describirte los que más han llamado mi atención o que se les ve con más frecuencia por aquí.

Yuppie de a peso. Pretencioso oficinista menor que llega los viernes a la arena enfundado en su mejor traje (ya pasado de moda o muy barato) y con una entallada máscara de las que venden en la calle, usualmente de Atlantis, Wagner o Blue Demon. Arriban en pequeños grupos de dos a cinco individuos tratando de hablar y comportase como los verdaderos Yuppies y mirando con cierto desprecio al resto del público pero después de dos cervezas terminan gritando las mismas leperadas que la porra de Tepito. Son faroles y rompen el cochinito para comprar boletos muy caros en reventa, por lo que el resto de la quincena se la pasan pidiendo prestado.
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Niño enmascarado. Lleva puesta una máscara para adulto, algo así como del doble de tamaño de su cabecita y que todo el tiempo se le cae sobre los ojos… quizá por eso se la pasa tan calladito toda la función sentado en la orillita de la butaca o en las piernas de sus papás. Generalmente se queda dormido por ahí de la tercera lucha, así tenga detrás a alguna de las porras.

NIÑOTE enmascarado. Lleno de ilusión, este Inmaduro personaje de 15 a 45 años vestido con pantalón de mezclilla gastado, camiseta y máscara de su luchador favorito. La máscara a veces la lleva bien puesta y otras solamente como gorro. Consume copiosas cantidades de cerveza y palomitas, por lo que al final hace desfiguros como ponerse a llorar, pararse constantemente de su butaca y tratar de subirse al ring (ver mi sección en los Nos. 2 y 3 de HLL)

Niño rudo. Vestido con una holgada camiseta de los Perros del Mal, ya sea de las negras con leyendas como “Dios perdona…” o “Pocos son los elegidos” o de las amarillas de “marca PERRO…” se distingue por pasar toda la función gritando vítores a dicho clan aunque no estén en el ring. Se entusiasma tanto que se la pasa parado sobre la butaca y molesta a sus vecinos de asiento con sus pataleos y jaloneos… si le toca cerca de uno, téngale paciencia, solo se está divirtiendo.

Los Eléctricos. Familias enteras con abuelita y bebés o grandes grupos de amigos de la misma colonia. Uno de ellos se distingue como líder por ser el más pelado de todos. De cada 100 palabras, la mitad son tan vulgares que no las dicen ni las porras. Cada uno de sus albures es ruidosamente festejado por sus compaÑEROS. Son tan corrientes que podrían echar a andar una planta eléctrica ellos solitos.

Porro. Al parecer, duerme toda la semana bajo la butaca que viene ocupando desde hace años junto con sus otros 30 compañeros, pues en un abrir y cerrar de ojos ya están todos allí, instalando sus luces y cornetas, haciendo un ruido infernal y lanzando cantidad de mentadas. Algunos tienen mucha imaginación para gritar leperadas a luchadores y réferis, hasta les inventan cánticos.

Fresa. El nuevo público de la Arena. El que va porque está de moda ir a las Luchas. A veces entra sin pagar por ser invitado VIP o porque hace uso de influencias. Otros pagan cantidades fuertes por los mejores asientos de la arena. Los VIP’s pasan a los vestidores a departir con los luchadores. Cree que sabe mucho de luchas porque vió las películas del Santo en un festival de cine de culto y también Nacho Libre. En la Arena se siente como Pancho por su casa, a veces es prepotente y piensa que todo mundo está ahí a su servicio, hasta los Luchadores. Mira todo lo que le rodea con una mezcla de curiosidad y desdén. Su queja favorita es “¡Ash! debería haber asientos de 1ª clase. ¿Viste los nacos que nos tocaron junto?” Eso sí, cómo festeja las peladeces de la porra de Tepito.
No va a las Luchas VIP por tres razones: 1- por tacaño, 2- porque son en sábado y ese es su día para antrear y 3- porque aunque sea fresa, también se le sale el cobre de vez en cuando.


Gringos. Extremadamente fachosos y despeinados. Tanto que si no fueran güeritos y de piel clara pasarían por limpia-parabrisas. Asisten a la Arena en parejas o pequeños grupos, pero cada vez en mayores cantidades. Para ellos, hoy en día es tan importante visitar la Arena México o la Coliseo como lo es un paseo a Xochimilco o las Pirámides de Teotihuacan. Las afortunadas consecuencias de Nacho Libre.

Japoneses. Fachosos y despeinados como los gringos, pero con pelo teñido de color zanahoria. Todo observan con sus rasgados ojitos y su boca perennemente entreabierta. Prácticamente no hablan, ni siquiera entre ellos. Parece que estan demasiado anonadados con lo que ven. Lo único que lamentan es no poder hacer lo que haría todo buen turista oriental: tomar fotografías.
No siempre son japoneses, también hemos visto muchos visitantes de Corea.

Tendré más para ustedes la próxima semana, en la segunda parte de esta investigación. Hasta pronto.